Vida sana

Cuando Mozart encontró a Beyoncé

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Cuando Mozart encontró a Beyoncé

Siempre me ha gustado el ballet. Aunque no lo practicara en mi tierna infancia, siempre me ha llamado la atención esta disciplina. La belleza de la danza que observamos desde el patio de butacas contrasta con su lado más oscuro, esa parte trasera que los espectadores no vemos (pero imaginamos) de duras y largas horas de trabajo, pies destrozados y exigentes entrenamientos.

No son pocas las películas que, a lo largo de la historia, han puesto el ballet en el centro de su argumento. Cisne Negro, protagonizada por Natalie Portman en 2010, desató la fiebre del ballet en Estados Unidos y, fruto de la enfervorecida masa que soñaba con tener el cuerpo de una grácil bailarina, nacieron nuevas versiones del ballet aptas para los no profesionales.

Músculos perfectamente tonificados y piernas torneadas a golpe de pliés y chassés, ¿quién no los querría? Pues bien, ahora los simples mortales tenemos la oportunidad de realizar un entrenamiento similar al de los bailarines, pero cogiendo la parte más bonita y divertida y dejando de lado la más exigente. ¿Cómo? Gracias al Ballet Fit, una disciplina que ya ha arrasado en los gimnasios de Estados Unidos y que va cogiendo fuerza en nuestro país. Una mezcla perfecta entre fitness y danza clásica perfecta para los que ya estamos un poco mayores para iniciarnos en eso del ballet.

El Ballet Fit intercala trabajo cardiovascular y ejercicios de tonificación, mejorando la flexibilidad y el rendimiento muscular. Sesiones de 55 minutos para trabajar la fuerza, la coordinación y el equilibrio a ritmo de una fusión entre música al piano, para los momentos más relajados, y hits más potentes para los bloques con intensidad más alta. Mozart y Beyonce en una misma sesión. Promete, ¿no?

Este tipo de sesiones inciden mucho en el trabajo abdominal, ayudándonos a reforzar el core a través de ejercicios isométricos que nos ayudarán a corregir nuestra postura.

Una clase de Ballet Fit se divide en tres partes. La primera, para calentar, en la que se practican ejercicios clásicos de ballet en barra. Después, llega la parte más intensa con un entrenamiento de cardio basado en coreografías fáciles de seguir. Para acabar, nada mejor que volver a la calma con estiramientos de ballet, yoga o pilates.

Además de tonificar el cuerpo, el Ballet Fit es una excelente forma de eliminar el estrés.

Como ves, no son pocas las ventajas de hacer ballet en el gimnasio. Pero la principal ventaja es lo mucho que te divertirás practicándolo, ¡te lo garantizo!

Si, como yo, siempre has querido aprender a hacer un plié perfecto, esta actividad te va a encantar.

Eso sí, te recomiendo que antes de cada sesión tomes un buen tentempié a base de granola para llenarte de energía porque bailar ¡quema muchas calorías!

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