New York

Los Hamptons, las vacaciones neoyorkinas

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Los Hamptons, las vacaciones neoyorkinas

Hoy dejamos el asfalto y los rascacielos neoyorkinos atrás para viajar a Los Hamptons, a 150 kilómetros de la Gran Manzana. Seguramente hayas oído hablar muchas veces de este retiro al que escapan los neoyorkinos más pudientes. Es lo que tiene el dinero, que si quieres escapar del ruido de Manhattan, siempre puedes irte a tu exclusivísima casa en Los Hamptons. Nosotros, de momento y a través de nuestro Diario Newyorkino, nos conformamos con ir de visita y, desde la distancia, pasear por sus playas y disfrutar de su naturaleza.

Pero ¿qué son Los Hamptons? Son varios pueblos, en concreto cuatro (East Hampton, Westhampton, Southampton y Sag Harbor) rodeados de bosques y zonas verdes en las que respirar aires relajados lejos de la gran ciudad.

Fueron los ingleses los que en el siglo XVI fundaron la villa de Southampton y se asentaron en una zona hasta entonces habitada por los indios Shinnecock.

A dos horas en tren desde Nueva York podemos disfrutar de unas espectaculares vistas del Atlántico o de los atardeceres de película que ofrece el faro de Montauk, del siglo XVIII.

En el conjunto de pueblos y barrios que forman The Hamptons todos los gustos tienen cabida. ¿Que te mueres por el surf? Quédate en Montauk. ¿Que practicas equitación? Bridgehampton es tu sitio. Por su parte, Shelter Island y Sag Harbour son zonas más bohemias, Southampton destaca por su ambiente nocturno y East Hampton queda reservada para aquellos que busquen las tiendas más exclusivas. Como ves, hay para todos.

Pero no solo de playa, deporte al aire libre, compras de lujo y reuniones de la élite viven Los Hamptons. En este paraiso a orillas del azul del océano, el arte también tiene cabida.

East Hampton fue testigo de excepción del arte de Jackson Pollock, y de su muerte. Pollock y su mujer, la también artista Lee Krasner, se mudaron a esta zona de Long Island en noviembre de 1945 y a día de hoy, su casa es un Museo y centro de estudios para artistas e investigadores.

Pasear en bici, salir al encuentro de ballenas o admirar las enormes casas de madera que recuerdan a sus orígenes ingleses son buenas excusas para acercarse hasta Los Hamptons.

¿Hay algo que pueda mejorar este lugar que ya parece lo suficientemente idílico? Pues sí, lo hay. Sus mercados de frutas y hortalizas. Imagina que después de visitar un pequeño mercado de frutas, paseas por la playa (solitaria y en invierno) con el viento del Atlántico de cara, despejando tus ideas. Imagina que llegas a un extenso parque en el que sentarte a disfrutar de su flora y su fauna, mientas te preparas un bowl de yogur, granola bio y la fruta recién comprada. Y ahora dime ¿puedes imaginar algo más apetecible?

¿Vamos a Los Hamptons?

 

 

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